Una nova pastoral. Nova fe renovada nova pastoral.
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UNA NOVA PASTORAL

23 Dic UNA NOVA PASTORAL

Coronavirus. Una nova pastoral

UNA NOVA PASTORAL
Nova fe renovada, nova pastoral

Com ja us he dit en d’altres ocasions, aquesta pandèmia ens està obligant a revisar moltes coses. En general, podríem dir que estem “baixant dels burro” de les nostres seguretats. Moltes coses ja no seran com abans i això també afecta a la nostra fe, fins i tot a la nostra pastoral.

Ja fa temps que la pastoral de les parròquies està en plena transformació. Els temps de l’abundància de gent que ve a la parròquia, a les eucaristies, que demana de rebre els sagraments està baixant. Fa només vint anys les parròquies estaven plenes de joves. Hi havia un dinamisme, unes ganes i un entusiasme que alguns encara trobeu a faltar. Les maneres de fer la pastoral també eren diverses respecte a les d’ara. Les reunions i assemblees eren nombroses. Això és el que m’heu explicat alguns de vosaltres. Jo aquesta realitat ja no la he viscut. A voltes en dono gràcies. Així no tinc la nostàlgia… i la temptació de voler tornar-hi! Per què, certament i com diuen la majoria de “analistes”, aquells temps no tornaran. Tampoc té gaire sentit emprar l’estil d’aleshores. Els moviments de joves, per exemple, que sovint es presentaven com “la solució” de tots els nostres mals, avui ja no pinten gaire. Eren els més “progres”. Eren el futur. Això també s’ha acabat. Amb el temps ens hem anat adonant que no hi ha solucions màgiques, què els messianismes, també dins de les parròquies, no tenen cap sentit…

Recordo quan a classe d’ecumenisme, estudiàvem l’encíclica Ut Unum Sint (“que tots siguem u”) de Joan Pau II. Aquest no era un Papa gaire progressista, més aviat al contrari. Tanmateix, em va agradar un raonament en particular. Deia el Papa: “el diàleg ecumènic ha canviat molt. Ara ja no es tracta que uns es converteixin d’una a un altra confessió –que els protestants es facin catòlics, per exemple– sinó de caminar tots junts vers la Veritat…” Impressionant. La conversió vindria a ser la solució fàcil –màgica–, però aquest no és el camí. El camí passa pel respecte, el saber escoltar, l’acollir tothom, el estar oberts a aprendre els uns dels altres… Ja no es tracta de dir “jo tinc raó i tu t’equivoques…”

Crec que la pastoral d’ara passa precisament per aquests termes: acollir, escoltar, integrar, respectar. Amb aquesta pandèmia molts s’estan replantejant les coses de la fe. Per alguns, l’eucaristia, per exemple, ha deixat de ser un costum o una seguretat –la vella idea del precepte– per passar a ser una necessitat. Hi ha gent que –malgrat els avisos d’alguns de no anar a l’església pel perill de contagi– han dit: “jo hi vull anar” i hi venen. D’altres es converteixen i demanen el baptisme… Els cristians de les parròquies hem d’estar atents per acollir a les persones que tornen o que venen per primer cop, un per un. Ja no és una pastoral de masses si no de persones. I si seguim somiant en temps passats se’ns passarà la oportunitat…

Estiguem alerta i, si s’escau, “canviem el xip” també nosaltres.

Xavier Moretó, rector.

 

 

 

1Comentari
  • Guillermo Lázaro Gay
    Publicat 16:47h, 24 diciembre Responder

    NUEVA PASTORAL
    Como no podría ser de otra manera, las palabras del nuestro párroco me parecen llenas de razón y de buen sentido. Seguramente se ha de cambiar el chip. Lo que pasa es que no es nada sencillo cuando con el viejo chip se han de arrojar por la borda demasiadas cosas muy entrañables.
    Jesús le dijo ya a la samaritana que llegaba el tiempo en que se adoraría a Dios en Espíritu y Verdad, (Jn 4, 6-30) pero no le explicó, o el evangelista no nos lo escribió, cuál era el alcance real de esa propuesta, porque si el Templo judío, como lugar de adoración, ya no era necesario, muchas otras cosas deberían ser repensadas. Aunque Jesús oraba siempre en soledad, prometió a los discípulos su presencia en medio de ellos si se reunían para orar, y desde luego tenían que reunirse para partir el pan y hacerlo en su recuerdo. Eso presuponía un lugar concreto para hacerlo cuando las comunidades crecieron, y así, pasando por las basílicas romanas, supongo que se llegó a nuestros templos en un proceso natural. Con ello se plantea que adorar en Espíritu y Verdad, no está reñido con hacerlo en un lugar de reunión. Que ese lugar esté presidido por un sagrario en el que se esconda la presencia real de Cristo, es también lógico. Y por ahora seguimos con el antiguo chip. Hemos preservado, por tanto, nuestros templos, lugar de adoración con una doble presencia del Señor: la Eucarística, y la prometida de orar con nosotros. Allí están también, aunque olvidadas, en el ara del altar, representadas, las reliquias de nuestros mártires. Nada de ello creo que deba olvidarse en la nueva evangelización, porque eso hace que nuestros templos sean un lugar sagrado, nada que ver con un Salón del Reino, o con cualquier otra sala de reunión, rectoría, capilla, o lo que sea.
    Hay otra cosa que me parece que se olvida: el mensaje de Cristo siempre provocará rechazo en el mundo, y si no lo produce algo esencial se habrá omitido o disimulado. Precisamente, ahora, acabo de oír una frase en un programa de TV que ha arrancado entusiastas aplausos en la audiencia del plató: “Cada vez que damos, cada vez que amamos, es Navidad” ¡precioso¡, tan precioso como falso ¡Esto es lo que el mundo quiere oír! Esto atraería gente a la Parroquia. Pero digámosles: “Cada vez qué recordamos que Dios nació de una virgen, como hombre, y siguió siendo Dios, y murió ajusticiado, y resucitó después, ese día es Navidad”, el mundo nos volverá la espalda, como a san Pablo en el Areópago, y nos diría: ¡Ah bueno, de eso hablaremos otro día ¡
    Con el nuevo chip, si no he entendido mal, acogeremos, escucharemos con amor al que se nos acerque, pero en algún momento, habrá que decirle la verdad antes de “rebautizarlo” o de bautizarlo. Y esa verdad comprenderá todos los misterios de nuestra fe del chip antiguo, desde el amor de Dios creador, al amor de Dios redentor, y el de Dios santificador. Y al amor de María, criatura como nosotros, pero excelsa, como su destino requería, a la que podemos y debemos rezar y rendir culto, de manera distinta, como intercesora, porque cuando vivió en la tierra era humana como nosotros, aunque ahora participe de la gloria como nosotros participaremos, pero a cuyos cuidados nos encomendó el mismo Señor, cuando en la cruz le dijo refiriéndose a Juan “Ahí tienes a tu hijo”. Y por la misma razón, si la instrucción ha de ser completa, se le habrá de explicar lo que es la Iglesia: más que una asociación, cuerpo místico de Cristo, en la que nos santificamos, dispensadora de los sacramentos, a la que también pertenecen los santos, cuyo ejemplo nos propone y a los que también sin desdoro de nadie se puede y se debe venerar.
    Con, éstas, y muchas más verdades, pero sin renunciar a ninguna, iremos convergiendo hacia la Verdad final, sin importar tanto el apellido que pongamos al nombre cristiano siempre que el apellido no desmerezca demasiado. Dios nos juzgará con su misericordia. No se si esta nueva pastoral que se nos propone lleva también a un nuevo ecumenismo. Por supuesto parece clausurada la etapa de la unión de las iglesias por la que hasta ahora se rezaba (un solo rebaño bajo un solo pastor (Jn 10,16), a menos que hablemos de una unión en el Espíritu, en la que, creyendo cada una en sus verdades y cada una con su pastor, converjamos todos en … no sé cómo concluir la frase. Al menos, que todos recemos al Señor para que ilumine a los pastores de los rebaños, y, de paso, a nosotros los borregos, o mejor, a los borregos/as de entre nosotros.
    G.L.

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