Rebeu l’Esperit Sant!
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Rebeu l’Esperit Sant!

25 May Rebeu l’Esperit Sant!

Rebeu l’Esperit Sant!. Sant Ignasi de Loiola

Diumenge 23 de Maig de 2021, Diumenge de Pentecosta. Jn 20, 19-23

“Rebeu l’Esperit Sant!”
Jesús és viu, ha ressuscitat!

Arribem a la gran festa de la Pentecosta. És la darrera celebració de la Pasqua. Com dèiem diumenge passat, l’Ascensió i la Pentecosta marquen la culminació del que hem anat recordant tots aquests dies. És la doble vessant: Jesús que puja al cel per quedar-se amb nosaltres i els deixebles que reben el do de l’Esperit, que configura les comunitats. És el naixement de l’Església. L’Esperit és el que més la caracteritza però no només com Església sinó també a nivell personal, a cadascú de nosaltres…

Certament, si no fos per l’Esperit tot haguera quedat com una història, la de Jesús, que com a molt aniríem recordant cada any, com qui una tarda obra l’àlbum de fotos del viatge que ha fet amb els amics. Un record molt maco però… Aquest seria una mica el compartir dels deixebles d’Emmaús, que tornen a les seves feines amb un posat trist perquè tot s’ha acabat. “D’això ja fa tres dies…” diu un d’ells lacònicament. Però Jesús els surt al pas i els hi fa comprendre. El mateix Jesús els hi dirà una mica més tard: “l’Esperit us ajudarà a entendre”. Aquest és el fet diferencial, l’Esperit. En el llibre del Fets dels Apòstols –que explica la vida de les primeres comunitats– l’Esperit és l’autèntic protagonista. Ell els diu el que han de fer, on han d’anar, què han de dir… Però l’Esperit també és el que reparteix els dons, els carismes que diu Sant Pau. Els carismes contribueixen a edificar l’Església “en bé de tots” diu Pau.

Aquest és el do que reberen els deixebles el dia de Pentecosta per anunciar a tothom la bona notícia de la resurrecció. És el primer anunci –el “kerigma” en grec–: “aquest Jesús que heu vist morir a la creu, és viu. Ha ressuscitat!” Ho van anunciar a tothom, sense distincions. Tothom els podia entendre. No vol dir que, de sobte, tots sabessin parlar tots els idiomes. Això seria impossible. Vol dir que tots eren destinataris. És un missatge de universalitat. Aquí va néixer l’Església…

Pentecosta, el do de l’Esperit. Estem en el temps de l’Esperit. El mateix que habita en nosaltres, en l’Església i les comunitats, que ens ajuda a creure i pregar. És la gran diferència. És la vida de l’Església i dels creients. “Rebeu l’Esperit Sant!”

Xavier Moretó, rector.

 

 

 

 

 

1Comentari
  • Guillermo Lázaro Gay
    Publicat 19:08h, 26 mayo Responder

    J.J.OMELLA
    Nada podría añadirse a la homilía, como siempre estupenda, precedente. Sin embargo, este domingo, me ha llamado la atención el artículo que en La Vanguardia , en la sección “Desde la Diócesis”, publica nuestro arzobispo Juan José Omella, que titula “El Impulso de Dios” .Nuestro arzobispo cita unas palabras de Ignacio IV, Hazin, metropolitano ortodoxo, en la Conferencia Ecuménica de Upsala , 1968, que pedía “que el Espíritu Santo arraigara en nuestros corazones porque, sin Él, Dios estaba lejos, y Cristo quedaba en el pasado. Con su ausencia, las Escrituras no serían más que letra muerta, y la Iglesia una simple organización cuya autoridad sería dominio, y su misión propaganda. En cambio, con el Espíritu Santo y en permanente comunión con Él, Cristo resucitado está aquí, el Evangelio es fuerza de vida, y la Iglesia es una comunión trinitaria, cuya misión es un nuevo Pentecostés”. Esta sencilla definición de lo que es la Iglesia, gracias a la acción del Espíritu, me ha parecido reveladora. Reveladora y oportuna porque enlaza con una preocupación que hace tiempo sentía: Acerca de la Iglesia los no creyentes adoptan, simplificando mucho, dos posiciones. Unos, más bien ignorantes y de poca cultura la ven como un invento para explotar a la gente y que hace posible que los curas, incluyendo ahí, frailes, obispos, y todo el aparato montado a su alrededor viva sin trabajar, acumulando tesoros en un Vaticano expoliador. Esta es una visión zafia, fácilmente refutable. Más insidiosa es la otra: Los que aplauden a la Iglesia por su acción social, los comedores para los parados, la atención a los marginados, los drogodependientes, los centros de acogida, las instituciones para la rehabilitación, en suma, los que elogian a la iglesia de Cáritas y demás instituciones benéficas, y suprimirían todo lo demás como palabrería inútil. Ven en ella una grandiosa oenegé, eficaz, y fiable.
    Nosotros mismos fomentamos esa visión, porque nos ufanamos justamente de esa labor, y cuando argumentamos en la campaña de la cruz en la casilla de IRPF, hacemos notar con énfasis esta acción benéfica de la Iglesia que depende de las aportaciones ciertamente, y sólo de pasada, citamos, y no explicamos convincentemente, el valor salvífico que la Iglesia representa. Necesitamos las donaciones sin duda, sin ellas se ahogarían las economías, pero deberíamos, en todo momento, explicar el misterio de la Iglesia, su naturaleza sagrada y la importancia que tiene lo sagrado que ella ordena: un orden que crea un espacio de esperanza, de razón del ser humano, y su destino, y fuera de él cual, no existe sino el caos, el espacio monótono, sin puntos de referencia y sin sentido. Es esta sacralidad, olvidada por el hombre actual, lo que da valor a la Iglesia, y el Pentecostés, a que está llamada, es la predicación de que el Espíritu Santo la impulsa, y que el mismo Espíritu alienta en cada uno de sus fieles e intercederá por ellos, como dice San Pablo, con gemidos inefables. Y que ofrece, en sus Sacramentos, caminos abiertos a la acción santificante del Espíritu. La misma sacralidad que reside en nuestras iglesias, y que ya no reconocemos, contagiados del paganismo reinante. En muchos dinteles de ellas, aun se lee el grito de Jacob, aterrorizado al despertar de su sueño: Esta es la casa de Dios, esta es la Puerta del Cielo, cuando derramó aceite sobre la piedra que le había servido de almohada, y la levantó como señal de santuario. Le pareció aquel lugar terrible o imponente. Nuestras iglesias no nos lo parecen, ciertamente. No sé ni siquiera si las vemos, todavía como casa de Dios. Nosotros les hemos buscado otras utilidades, nuestro Dios es un Dios comprensible.
    Corremos el peligro de convertir nuestra Iglesia en ONG, como se ha dicho. Y voces más autorizadas que la mía, también lo han señalado. El amor al prójimo es un mandato inexcusable. Pero no se manifiesta sólo, dándole de comer, que también, sino ofreciéndole la salvación. Supongo que los expertos de la Iglesia, con mayores conocimientos que los míos, estarán buscando urgentemente, la manera más eficaz de realizar estas dos formas de amor.
    G.L.

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