La festa de la Sagrada Família
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I a tu una espasa et traspassarà l’ànima

30 Dic I a tu una espasa et traspassarà l’ànima

homilia I a tu una espasa et traspassarà l’ànima


“I a tu una espasa et traspassarà l’ànima… »
L’homilia d’avui ens parla de la família de Nazaret, un model de fe i discerniment

Celebrem avui al festa de la Sagrada Família. Contemplem la família de Josep, Maria i Jesús. D’alguna forma aprenem de les seves virtuts, del que varen viure, del que varen anar descobrint i obrant en conseqüència. Per què per a ells tot era nou. Nosaltres ja coneixem la seva història. L’hem sentit moltes vegades. Però ells no. Maria i Josep varen fer un veritable discerniment, és a dir, varen saber confrontar permanentment el que vivien amb la seva fe. Dit d’un altra manera, varen deixar-se il·luminar per la fe en la seva vida. No es això el que intentem fer els cristians?

Un dels espais bàsics per fer discerniment és la pregària. De ben segur que Maria i Josep –a part de la pregària usual entre el jueus, la que feien a la sinagoga– deurien fer pregària personal. Dedicarien un temps de silenci i recolliment per trobar-se amb Déu. I Jesús ho deuria aprendre d’ells. Ens diu l’evangeli d’avui que “anava creixent en saviesa i en gràcia”. Això deuria calar tant en Ell que després el veiem dedicant llargues estones a la pregària personal, a voltes tota la nit, tal com ens diuen els evangelis… I és que la pregària és molt més que demanar i donar gràcies com ens van ensenyar de petits. És entrar en comunió amb Déu… Per això no és estrany que molts hagin trobat en la pregària la base del que feien en la pròpia vida. La Mare Teresa de Calcuta –ja santa– dedicava tant de temps a la pregària com a la seva acció envers els pobres. La pregària és un lloc de discerniment. Hi podem conèixer el que Déu vol de nosaltres…

I precisament dues persones de pregària, Simeó i Anna, que estaven en el Temple, varen saber reconèixer el moment. Enmig del brogit propi d’un lloc tan concorregut com el Temple de Jerusalem, ells es varen adonar. En aquest moment, l’evangelista Lluc li dona molta importància a l’Esperit. Aquest és el que els va guiar per no perdre’s l’oportunitat. “Ara, Senyor, deixeu que el vostre servent se’n vagi en pau. Els meus ulls han vist al Salvador…” diu Simeó. Aquesta pregària ha estat adoptada per l’Església i es diu cada dia en la darrera pregària del dia, la de completes. I afegeix dirigint-se a Maria: “i a tu una espasa et traspassarà l’anima” No es refereix a la llançada de la creu sinó a la prova de la fe, la de veure a Jesús penjat a la creu… Maria supera la prova i conserva la fe, és més, estarà amb els deixebles esperant l’Esperit Sant que Jesús els va prometre. Serà el naixement de l’Església, el dia de Pentecosta.

La prova de la fe. Amb tot això que estem passant la nostra fe també es provada. Tinguem confiança. No perdem l’esperança.

Xavier Moretó, rector.

 

 

1Comentari
  • Guillermo Lázaro Gay
    Publicat 23:18h, 30 diciembre Responder

    Tres puntos se tocan en la actual homilía, a saber, el discernimiento espiritual, la plegaria cristiana, y la espada que deberá atravesar el corazón de María. Voy a intentar decir algo de los tres.
    EL DISCERNIMIENTO
    Me atrevería a definirlo como la averiguación de si, mi vida, o las decisiones que tomo en un momento dado, se conforman con lo que Dios quiere para mí, o si son sugeridas por Él verdaderamente. Advierto que sobre este tema hay mucho escrito, por lo que quien esté interesado en ello, hará bien en hacer una búsqueda por su cuenta.
    San Ignacio estableció ocho reglas para el discernimiento, cuya sola trascripción, llenaría todo el espacio razonablemente disponible, pero resumiendo mucho, podría decirse que, si la decisión que se va a tomar me da tranquilidad y gozo de espíritu, me quita un peso de encima, es muy probable que sea una inspiración de Dios, pues esos dones son propios de Él… Pero, cómo he dicho, hay ocho reglas, y no pueden ser suplidas sólo por esta breve consideración. San José y María, tuvieron que tomar graves decisiones, juntos, y por separado. No hay duda de que acertaron, sin conocer las reglas ignacianas, porque otra manera de adquirir el discernimiento es llevar una vida “en presencia de Dios”, “espiritual, abandonada a su voluntad, como la llevan las personas santas…, y cómo se hace eso, ya no sabría explicarlo.
    LA PLEGARIA
    Es el gran problema, quizás. La definición simple “Elevar el corazón a Dios y pedirle mercedes” , me parece, cuando menos, incompleta, porque, antes de pedir, parece que deberíamos alabarle, reconocer nuestra relación de criatura respecto de Él, y entonces pedirle sobre todo el don de la Gracia, la salvación, y a partir de ahí, exponer nuestras tribulaciones, que ya conoce, si eso nos alivia, y es humano que así sea. Pedirle luz, consejo… Por otra parte, parece que el repetir series de oraciones ya formuladas, oraciones de santos, san Ignacio, , santa Teresa, santo Tomás, etc. , no es la mejor forma de orar, pero no me atrevería a afirmar que no deba hacerse, y además, puede ser, según las circunstancias, un ejercicio de humildad no despreciable. Finalmente, la oración oficial de la Iglesia, la Liturgia de las Horas, antes reservada a sacerdotes, y en formas simplificadas a comunidades de frailes y monjas, es una opción siempre recomendable. En un comentario anterior puse unos vínculos a páginas de internet de donde se pueden bajar al móvil, tablet, o PC, para tenerlas siempre a mano. Son fáciles de encontrar, en todo caso.
    LA ESPADA
    El corazón de María, por usar esta normal expresión, tuvo que soportar el gran dolor de una madre que ve morir a su hijo y además sufriendo de esa manera. El dolor ya sería semejante al que le haría una espada que la atravesase. Pero además se ha de añadir lo que sentiría al ver a su hijo, el que había de ser el liberador de Israel, condenado por los sacerdotes de su religión. Nunca sabremos qué fue de su fe en aquellos momentos, qué dudas la atormentarían, qué pensamientos le asaltarían, cómo las palabras del anuncio del ángel resonarían en su cabeza una y otra vez. Pero su amor maternal se sobrepuso a todo y pensase lo que pensase allí permaneció, y allí estaba cuando su Hijo fue bajado de la cruz, para recogerlo en su regazo. Bellas obras de arte han inmortalizado esos momentos, los “Stabat Mater” de Vivaldi, Pergolessi, o Rossini.., pinturas, esculturas, La Piedad de Miguel Ángel. Pero poca belleza y mucho dolor, había cuando María abrazaba aquel cuerpo roto, descoyuntado, lacerado, ensangrentado, mostrando toda la miseria de la condición humana. No una, cien espadas atravesarían el corazón de la Madre: Al final, ¿sería cierto que aquel hijo suyo, no habría sido sino un pobre loco, un iluso, como había dicho su familia? ¿no lo habría salvado si ella lo hubiera retenido? ¿Por qué Dios al que él llamaba su padre lo había dejado morir de esa manera? Pero, en el fondo de su alma, ¿no habría una voz íntima que le decía que, ese hijo que desde su concepción fue distinto, hasta ahora tenía que seguir siendo distinto, y ese pensamiento alimentaba su esperanza? Nunca lo sabremos. Pero sí que sabemos que, resucitado, creyó en Él, entendió todo, si acaso había dejado de entender, y podemos venerarla como la primera y más grande creyente, y madre de todos los que luego lo hemos sido. Al final, su esperanza se había cumplido. También se cumplirá la nuestra.
    G.L.

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