I tothom veurà la salvació de Déu
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I tothom veurà la salvació de Déu

05 Dic I tothom veurà la salvació de Déu

I tothom veurà la salvació de Déu. Sant Ignasi de Loiola

Diumenge 5 de Desembre de 2021, 2on diumenge d’Advent. Lc 3, 1-6

“I tothom veurà la salvació de Déu”
Jesús és Déu amb nosaltres

Estem ja en el segon diumenge d’Advent. Seguim el nostre camí vers el Nadal. Avui “surt a escena” un personatge peculiar: Joan Baptista. Joan marca d’alguna manera “un abans i un després”. Joan és l’últim d’una saga de profetes que tots coneixem: Isaïes, Jeremies, Amos, Miquees… Alguns també els escoltarem durant aquest Nadal. Isaïes ens parla directament del messies que ha de venir i també ens parla de Joan Baptista. L’evangelista Lluc ens ho diu clarament a l’evangeli d’avui: “una veu crida en el desert, obriu una ruta al Senyor, aplaneu-li el camí…” És un dels motius principals per escriure el seu evangeli: mostrar que les profecies sobre Jesús s’estaven complint.

Joan és un profeta “de pedra picada”. Era contundent, enèrgic, a l’estil dels antics profetes. A voltes fa una mica de por. “Mireu que la falç ja és a punt!” ens diu. Tanmateix també parlava del Regne de Déu però no com Jesús. Jesús ho feia d’una manera molt més “amable”. Jesús, quan parla del Regne, ens diu les benaurances, el parenostre… Però l’advertència de Joan és clara i necessària: “estigueu a punt!”. Avui ens diria: “espavila! No t’adormis!”

Ens cal estar amatents. Jesús ve a nosaltres cada dia. Estem disposats per acceptar la novetat que ve de Déu? Perquè si penséssim, ni que sigui inconscientment, “un Nadal més” ens perdríem alguna cosa. “Heus aquí que ho faig tot nou” ens diu un altra Joan, l’evangelista, a l’Apocalipsi.

Què ens diu Déu en aquest Nadal? Què podem incorporar de nou a la nostra vida? Potser hem de canviar alguna cosa… Doncs som-hi!. Canviem-la.

Xavier Moretó, rector.

 

 

 

 

 

2 Comments
  • Anónimo
    Publicat 10:40h, 15 diciembre Responder

    LA SALVACION DE DIOS
    Aprovechando la persistencia en la pantalla principal, esta semana, de la homilía del domingo penúltimo, día 4, me decido a escribir algo. Me imagino hoy a un San Juan Bautista en las noticias de TV3 o de TV1, diciendo eso mismo que nos cuenta San Lucas evocando la profecía “…Preparad el camino del Señor…y verá toda carne la salvación de Dios”. Lo más probable es que no pasase nada porque la noticia se perdería entre todas las demás, pero si alguien se fijase, la respuesta sería, ¿Pero de que habla este hombre? ¿De que salvación?, ¿Acaso ha inventado otra vacuna, o la forma de hacerse rico en una noche?
    A veces veo, no sé si en TV2, un programa en que sale gente de aquí que viven desde hace años en sitios lejanos, exóticos, en alguna ciudad de Australia, o de Malasia, u otro sitio remoto, o incluso en algún pueblo de algún país europeo, o asiático. Creo que el programa se llama “Callejeros Viajeros” o algo así y vale la pena verlo alguna vez… Salen gentes, calles abarrotadas, chiringuitos de comidas o bebidas. Parecen dichosos. Han accedido a una nueva vida. Tienen pareja, algunos también hijos pequeños. Se han establecido, han montado su pequeño negocio, viven felices, disfrutan de la vida, se divierten, comen, van a la playa, bailan, ríen, no parece que tengan preocupaciones, son jóvenes, tienen salud…Realmente si alguien les ofreciera “salvación”, no sabrían de qué se les hablaba. ¿De verdad estas personas necesitan salvación? Están bien, repito, son alegres, están contentos, saludan a las cámaras con alegría. ¿Hay que amargarles la vida con otras consideraciones? Esta pregunta se me ocurre a veces cuando lo veo. ¿No serán ellos los que están en lo cierto, los que poseen la verdad? ¿Acaso no viven la vida como un don de Dios, sin historias ni teologías ni predicaciones, confiados a su providencia, sin saberlo?
    Creo, y lo decía en un comentario anterior, que el problema actual de las religiones, o del cristianismo en particular es que ofrecemos una mercancía para la que no hay demanda. Nadie nos pide salvación. Se vive muy bien sin esa necesidad. Nuestra sociedad de consumo, ciertamente, ofrece muchos productos innecesarios, pero tiene su propia estrategia para venderlos. Crea primero la necesidad. Hasta hace cuatro días vivíamos muy bien sin móvil. Hoy no podríamos pasar un día sin consultarlo. ¿Tiene aplicación esto a la vida religiosa? ¿Habrá que aplicar métodos de marketing a la propagación del cristianismo? ¿Será cierto que habrá que promocionar un cristianismo light, divertido, ocultar las cruces y su lúgubre recuerdo, organizar danzas rítmicas en nuestras iglesias, dramas litúrgicos como películas del oeste en los que un salvador guapo atlético y rubio libere a hambrientos esclavos y esclavas desvalidas, con legiones de arcángeles tañendo el arpa?
    Sufrimos estos días en la tele una avalancha de peliculillas navideñas en las que todos son buenos…Bastaría introducir el factor espiritual, religioso, para que fueran perfectas, o al menos útiles
    Se me contestará: Pero ¿No es también verdad que existen hospitales, UCIS? Enfermos, moribundos, gentes buscando comida en vertederos, personas encarceladas, perseguidas por una u otra causa, ladrones, asesinos, desgraciados de todo tipo, miseria, injusticia, dolor, desamor, odios y envidias… ¡Claro que es cierto! Aunque se nos quiera esconder. Aunque esto no salga en los reportajes de lugares paradisiacos. Entonces si hay dos mundos, reales ambos, si se vive en la propaganda del mundo sin dolor, sin reflexión, sin pensamiento crítico, ¿habrá que concluir que la religión solo para el mundo de los desgraciados puede tener sentido? ¿Que, por tanto, es iluso pretender una religión exitosa, entendida, aceptada por la sociedad reinante? Porque si es así, el, problema queda simplificado, me parece. No perdamos el tiempo queriendo salvar a quienes no quieren salvarse. Gustar a los que a los que nunca agradaremos. Busquemos nuestra salvación, nosotros, los pecadores conscientes de nuestro pecado, los arrepentidos que clamamos desde el abismo de nuestra precariedad, cultivemos una religiosidad que nos fortalece y consuela, aunque aburra y hastíe a los otros, y dejemos que sea solo nuestro ejemplo, el ejemplo de nuestra paz y nuestra alegría silenciosa, lo que atraiga hacia nosotros a los que desengañados de tanta “felicidad” de placer y consumo se den cuenta, en el despertar de su noche, de la inanidad de su vida.
    Que nos busquen ellos cuando nos necesiten. No los importunemos en su festín. Vendrán a nosotros cuando sus cuerpos estragados busquen remedio, o cuando la reflexión de los hastiados encuentre alternativa a su desesperación en nuestra fe.
    Y ¿Qué hay de la Misión y del Espíritu Santo? Mucho, pero de eso ya se podrá decir en otro comentario.
    G.L.

  • Anónimo
    Publicat 10:51h, 15 diciembre Responder

    LA SALVACION DE DIOS
    Aprovechando la persistencia en la pantalla principal, esta semana, de la homilía del domingo penúltimo, día 4, me decido a escribir algo. Me imagino hoy a un San Juan Bautista en las noticias de TV3 o de TV1, diciendo eso mismo que nos cuenta San Lucas evocando la profecía “…Preparad el camino del Señor…y verá toda carne la salvación de Dios”. Lo más probable es que no pasase nada porque la noticia se perdería entre todas las demás, pero si alguien se fijase, la respuesta sería, ¿Pero de que habla este hombre? ¿De que salvación?, ¿Acaso ha inventado otra vacuna, o la forma de hacerse rico en una noche?
    A veces veo, no sé si en TV2, un programa en que sale gente de aquí que viven desde hace años en sitios lejanos, exóticos, en alguna ciudad de Australia, o de Malasia, u otro sitio remoto, o incluso en algún pueblo de algún país europeo, o asiático. Creo que el programa se llama “Callejeros Viajeros” o algo así y vale la pena verlo alguna vez… Salen gentes, calles abarrotadas, chiringuitos de comidas o bebidas. Parecen dichosos. Han accedido a una nueva vida. Tienen pareja, algunos también hijos pequeños. Se han establecido, han montado su pequeño negocio, viven felices, disfrutan de la vida, se divierten, comen, van a la playa, bailan, ríen, no parece que tengan preocupaciones, son jóvenes, tienen salud…Realmente si alguien les ofreciera “salvación”, no sabrían de qué se les hablaba. ¿De verdad estas personas necesitan salvación? Están bien, repito, son alegres, están contentos, saludan a las cámaras con alegría. ¿Hay que amargarles la vida con otras consideraciones? Esta pregunta se me ocurre a veces cuando lo veo. ¿No serán ellos los que están en lo cierto, los que poseen la verdad? ¿Acaso no viven la vida como un don de Dios, sin historias ni teologías ni predicaciones, confiados a su providencia, sin saberlo?
    Creo, y lo decía en un comentario anterior, que el problema actual de las religiones, o del cristianismo en particular es que ofrecemos una mercancía para la que no hay demanda. Nadie nos pide salvación. Se vive muy bien sin esa necesidad. Nuestra sociedad de consumo, ciertamente, ofrece muchos productos innecesarios, pero tiene su propia estrategia para venderlos. Crea primero la necesidad. Hasta hace cuatro días vivíamos muy bien sin móvil. Hoy no podríamos pasar un día sin consultarlo. ¿Tiene aplicación esto a la vida religiosa? ¿Habrá que aplicar métodos de marketing a la propagación del cristianismo? ¿Será cierto que habrá que promocionar un cristianismo light, divertido, ocultar las cruces y su lúgubre recuerdo, organizar danzas rítmicas en nuestras iglesias, dramas litúrgicos como películas del oeste en los que un salvador guapo atlético y rubio libere a hambrientos esclavos y esclavas desvalidas, con legiones de arcángeles tañendo el arpa?
    Sufrimos estos días en la tele una avalancha de peliculillas navideñas en las que todos son buenos…Bastaría introducir el factor espiritual, religioso, para que fueran perfectas, o al menos útiles.
    Se me contestará: Pero ¿No es también verdad que existen hospitales, UCIS? Enfermos, moribundos, gentes buscando comida en vertederos, personas encarceladas, perseguidas por una u otra causa, ladrones, asesinos, desgraciados de todo tipo, miseria, injusticia, dolor, desamor, odios y envidias… ¡Claro que es cierto! Aunque se nos quiera esconder. Aunque esto no salga en los reportajes de lugares paradisiacos. Entonces si hay dos mundos, reales ambos, si se vive en la propaganda del mundo sin dolor, sin reflexión, sin pensamiento crítico, ¿habrá que concluir que la religión solo para el mundo de los desgraciados puede tener sentido? ¿Que, por tanto, es iluso pretender una religión exitosa, entendida, aceptada por la sociedad reinante? Porque si es así, el, problema queda simplificado, me parece. No perdamos el tiempo queriendo salvar a quienes no quieren salvarse. Gustar a los que a los que nunca agradaremos. Busquemos nuestra salvación, nosotros, los pecadores conscientes de nuestro pecado, los arrepentidos que clamamos desde el abismo de nuestra precariedad, cultivemos una religiosidad que nos fortalece y consuela, aunque aburra y hastíe a los otros, y dejemos que sea solo nuestro ejemplo, el ejemplo de nuestra paz y nuestra alegría silenciosa, lo que atraiga hacia nosotros a los que desengañados de tanta “felicidad” de placer y consumo se den cuenta, en el despertar de su noche, de la inanidad de su vida.
    Que nos busquen ellos cuando nos necesiten. No los importunemos en su festín. Vendrán a nosotros cuando sus cuerpos estragados busquen remedio, o cuando la reflexión de los hastiados encuentre alternativa a su desesperación en nuestra fe.
    Y ¿Qué hay de la Misión y del Espíritu Santo? Mucho, pero de eso ya se podrá decir en otro comentario.
    G.L.

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