Déu envià al seu Fill al món per salvar-lo
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Déu envià al seu Fill al món per salvar-lo

17 Mar Déu envià al seu Fill al món per salvar-lo

Déu envià al seu Fill al món per salvar-lo. Sant Ignasi de Loiola

Diumenge 14 de Març de 2021, 4rt de Quaresma. Jn 3, 14-21

“Déu envià al seu Fill al món per salvar-lo”
La gratuïtat, un camí de llibertat

Aquest diumenge, l’evangeli ens ofereix una nova oportunitat de revisió i conversió. Precisament, en això estem! La Quaresma és mirar i convertir-se per tal de rebre millor el gran do de la Pasqua. I, justament, aquest és el tema: la gratuïtat. El gran do que Déu ens fa és el seu propi Fill: “Déu envià al seu Fill per salvar al món gràcies a Ell” És el moment de prendre’n consciència…

La conversa que Jesús té amb Nicodem –un fariseu, membre del Sanedrí, “nada menos”– és mot significativa. Nicodem està obert, no només a escoltar –que ja és molt– si no també a canviar. Recordem un altra part de la conversa que Jesús té amb ell en la que li recorda que cal néixer de nou i li parla de l’Esperit: “com el vent que, que no saps de on ve i a on va…” Nicodem no és “rebota” com molts dels seus companys fariseus. Descobreix una llibertat nova. És una experiència semblant a la que fa Pau. També era fariseu. Amb Jesús, les coses ja no depenen del nostre esforç, del compliment de les normes. Ell ens convida a una llibertat nova, la que prové de l’Esperit. “Tot ve d’Ell, tot passa per Ell” dirà en una de les seves cartes. Gratuïtat. La iniciativa no és nostre. Ni tan sols la fe i la pregària son ben bé nostres, dirà també Pau. Son do de Déu.

En un món tan voluntarista, tan “capaç” com el nostre, convé recordar aquesta realitat: no creiem perquè siguem més intel·ligents, més capaços o més competitius. La fe és do de Déu. Tenim fe per què Ell vol. El que si és cosa nostra és fer créixer i madurar aquests fe. Això si. I en això estem, també.

Descobrir aquesta gratuïtat és descobrir una llibertat nova. Quin descans deurien sentir Nicodem i Pau! Ja no és necessari estar pendents del compliment de les normes. Només cal estar oberts al que Déu ens vulgui dir, al do que ens vulgui fer.

I nosaltres, en fem experiència d’aquesta llibertat?

Xavier Moretó, rector.

 

 

 

1Comentari
  • Guillermo Lázaro Gay
    Publicat 17:56h, 19 marzo Responder

    El don gratuito que Dios nos hizo de su Hijo para salvar el mundo, merece sin duda toda nuestra gratitud. También me parece que debería merecer todo nuestro esfuerzo para comprenderlo: San Pablo nos dice que «Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados -sean judíos o griegos-, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor. 1,22-23). Siempre había asociado el escándalo a que un Dios muriera, y la necedad (o locura) a que un hombre resucitara. Pero estos días, precisamente, releía en un libro, un texto que copio: “¿Dónde está el escándalo, ¿dónde la locura? No provienen de que Jesús atacara la religión de su pueblo. No era el único que lo hacía. Proviene, me parece, de que borraba, rompía, de que continúa borrando y rompiendo los puntos de apoyo en los que suelen confiar las personas religiosas. La libertad de su palabra y de su búsqueda de Dios desestabilizaba las instituciones religiosas, quitaba credibilidad a prácticas religiosas demasiado seguras de sí mismas, cambiaba el curso de tradiciones religiosas recibidas y aceptadas. “
    Y no puedo renunciar a seguir copiando: “La religión propende siempre a situarse en lugar de Dios, a obligar a la gente a pasar por ella para encontrar a Dios. Muchos creen que sólo se encuentra a Dios en el culto o en las ceremonias religiosas. La religión, entonces, pasa a ser las obligaciones y las tradiciones religiosas con las cuales se cree tener acceso a Dios o contentar a Dios. Jesús rompió con una concepción religiosa de este tipo. Atención: no digo que todo eso no sea necesario. Por el contrario, siempre hay necesidad de ello, pero ahí no está lo esencial, contrariamente a lo que cree mucha gente y sobre todo los integristas, los fundamentalistas, los tradicionalistas de todo tipo…” Lo esencial, se nos repite siempre, es el amor a Dios, sobre todas las cosas, y el amor al prójimo (Mat, 22,34-38 y Juan, 13,34). Y Jesús en su predicación que lo enfrenta a la religión de su tiempo, y quizás no solo a la de su tiempo, nos libera de la Ley, de la norma. Anuncia la hora en que los verdaderos adoradores adoraran al Padre en espíritu y en verdad (Juan,4,23), en la intimidad de su corazón. “La muerte de Jesús puede ser vista como una salida de Dios de lo Sagrado conde se le tenía encerrado, y su entrada en el mundo profano de los hombres. Ya no está confinado en lugares (la montaña, el templo). Ya no nos relacionamos con Él únicamente gracias a sacrificios o a la obediencia de sus leyes. Dios nos libera del peso de la religión y de lo sagrado, con todos los terrores que esto implicaba y todas las servidumbres que suponía… “.“Diría incluso que el hombre se puede liberar del culto a Dios. Dios no lo necesita. Por otra parte, nunca lo ha necesitado y no lo reclama. El mejor culto que se le puede rendir es servir al prójimo, amar a los demás, ser justo con todos, tal como hizo el propio Jesús.” Esta es la Buena Nueva. Pero “¿Acaso la religión no ha sido precisamente resucitada por el cristianismo, y en particular por la Iglesia?¡Por supuesto que nosotros también hemos recaído en la religión! Era necesario e inevitable. La religión es la expresión pública y social de la fe. Concede puntos de apoyo y seguridades. Proviene también, a menudo, del miedo. Hemos recuperado el legalismo y el ritualismo que son tan esenciales en las religiones y en la vida concreta de las religiones. Pero Jesús nos enseña su superación, siempre necesaria. El cristianismo mismo necesita siempre ser evangelizado. La desacralización del mundo de las religiones y el amor al prójimo son pues los dos aspectos indivisibles del mensaje de Jesús. El amor al prójimo es declarado equivalente al amor a Dios, nada hay sobre este mandamiento, no hay un solo precepto que se refiera a un culto específico que se deba rendir a Dios”. Bien. Me parece que se deberá encontrar un equilibrio entre esa religión o religiosidad que se considera, a pesar de todo, necesaria, y la esencialidad y radicalidad del mensaje de Jesús. Y esa evangelización del cristianismo, que se reclama, a mí (y quizás a muchos) que debo tener algo de fundamentalista, e integrista , me resulta difícil de asumir en la práctica, coexistiendo con todo lo que se arrastra y sin que, desde el magisterio, no se afronte el problema. No se puede dejar, o si se puede, se debe decir, que cada cristiano actúe de acuerdo con su conciencia. Por supuesto es sólo mi opinión
    Nota. – El libro al que me estado refiriendo es: “La Historia más bella de Dios” “¿Quien es el Dios de la Boblia?”de Jean Bottero, asiriólogo… ,Mark-Alain Ouaknin, rabino y filósofo, y Joseph Moingt, teólogo francés católico, jesuita. Editorial Anagrama 1998. Título original: “La plus belle histoire de Dieu” 1997. Hay traducción catalana que recomiendo pues está traducido con más cuidado que la castellana, pero no recuerdo la editorial. Los párrafos citados son de la tercera parte del libro, debida a J. Moingt.
    G. L.

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