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Homicat 4 octubre 2020

04 Oct Homicat 4 octubre 2020

20201004 Homicat Sant Ignasi de Loiola

Diumenge 4 d’octubre de 2020, 27è del temps ordinari. Mt 21, 33-43
“El regne us serà pres i donat a un poble que el faci fructificar»

L’homilia d’avui ens parla de que el regne que Jesús anunciava està en nosaltres i en la nostra manera de fer

Aquest ja és el tercer diumenge que escoltem a Jesús referir-se al Regne en termes de “la vinya”. Però si els altres diumenges hi veiem un to més alliçonador –especialment adreçat als fariseus i les autoritats religioses– ara les paraules de Jesús prenen un to clarament de denúncia i adreçada a tot el poble. No és només dir que “les prostitutes i els publicans us passaran davant” –que ja és prou contundent– si no que ara els hi prediu que el regne els serà pres… Ells que n’eren tan gelosos –fruit de l’elecció de Déu des de els temps de Moisès–, segons Jesús, es quedaran sense res i d’altres pobles –els qui els jueus descartaven– se’n faran càrrec. Demolidor.

I és que el Regne no és possessió de ningú. Jesús va començar a predicar dient: “el Regne de Déu és en vosaltres, el Regne és enmig vostre”. El Regne que Jesús anunciava no és un estat, un territori, uns privilegis o una elecció. El Regne és manifesta en una manera de ser, en un tarannà. Ho hem vist aquests darrers diumenges: la gratuïtat, la fraternitat, l’amor, la veracitat, la senzillesa, la humilitat… Tot el contrari de l’orgull, l’exclusió, el menyspreu, la superioritat, la seguretat del compliment… Els valors del regne son les benaurances.

Tanmateix, aquesta predicció tan contundent adopta un to més greu encara en el relat de la paràbola. Per què el fill que el propietari de la vinya envia i que és assassinat és Jesús mateix. “L’agafaren, el dugueren fora de la vinya i el mataren”. És el que li va passar a Ell. Els membres de la comunitat de Mateu a qui va adreçada la paràbola ho deurien entendre de seguida. És el poble d’Israel qui el va matar. L’elecció es torna contra ells i Déu els hi pren la vinya –és a dir, el Regne– i el dona a d’altres pobles. És com dir que Déu trenca l’aliança feta amb el seu poble. Ell –Jesús– serà la nova aliança.

Xavier Moretó, rector.

 

 

 

 

1Comentari
  • Guillermo Lázaro Gay
    Publicat 10:19h, 07 octubre Responder

    Es tremendo. Uno se entristece por el pueblo judío. Pasar de ser el pueblo elegido al pueblo excluido. Es muy fuerte, que se dice ahora.
    La tristeza empezaría ya, por el encono con que los evangelistas refieren los encuentros de Jesús con los fariseos. Uno piensa que los fariseos en el fondo eran buenas personas. Eran piadosos, cumplían los preceptos de la ley, y por tanto también serían compasivos, daban limosnas, ayunaban. Estaban contentos de sí mismos, pero ¿quién no lo estaría? Es muy humano, sentir cierta satisfacción de verse bueno y mejor que, por ejemplo, los publicanos, y agradecérselo a Dios. Pero Jesús los increpa muy duramente, hipócritas, sepulcros blanqueados…. También es verdad que cuando los evangelistas escriben, los fariseos y los escribas habían echado a los cristianos de la sinagoga y eso les sentó mal, y los cristianos no los apreciaban mucho por tanto. ¿No exagerarían un poco las palabras de Jesús? Hay comentaristas que así lo creen.
    Por supuesto que su actitud no sería correcta si fueran prepotentes con los demás, pero es posible que, juzgados por su Ley antigua, no fueran tan reprobables, en los Salmos los justos se muestran muy satisfechos y, de hecho, el pueblo admiraba y, parece que apreciaba y respetaba a los fariseos.
    A Israel, ser pueblo elegido le procuró no pocas ventajas históricas. Se les dio un territorio que ya estaba habitado, y se establecieron con métodos que ahora nos escandalizarían. A pesar de que en todo el proceso reconocieran la protección del Señor, eso no les impidió apostasías con ídolos o dioses que encontrasen a su paso, ni maltratar a los profetas que se lo echaba en cara. Pero ese sentimiento de elección los hizo sentirse distintos, superiores, y hacerse odiosos a los demás, creo, y lo pagaron cruelmente en la historia.
    Pero ahora la viña se nos da a nosotros. ¿Tendrá el Señor, más paciencia con nosotros que la que tuvo con los judíos? Porque me parece que no nos diferenciamos tanto. Israel mató al Hijo del Señor, como los viñadores malvados, pero ya hemos aceptado que, en la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, todos participamos. En cuanto a los frutos que como arrendadores de la viña podamos entregar, la lista es trágica: las apostasías, los ídolos a los que adoramos, el caso que hacemos a nuestros profetas, las matanzas de niños no nacidos, las, atrocidades que perpetramos con los desamparados del mundo, los inmigrantes , los pueblos indígenas de territorios ambicionados, los abusos sociales en tantas partes, y tantas otras cosas, ya no será que no demos frutos , o los demos ácidos, y de mala calidad, es que aparte de haber matado también al Hijo del Dueño, los daremos envenenados.
    ¿Cuál es pues la esperanza? Que esto que se ha descrito, y que forma parte de la viña, del Reino de Dios que se nos ha dado, no es todo. También hay cosas buenas, públicas, y privadas, obras para hacer el bien, y personas que lo hacen. Semillas de mostaza que hacen crecer el arbusto que es como el Reino, o perlas que se compran, vendiendo todo lo que se tiene, o levadura que levanta toda la masa.
    Pienso que todo esto, y la asistencia del Espíritu prometido hará que el Reino crezca y no nos sea arrebatado.
    G.L.

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