Homicat 11 octubre 2020
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Homicat 11 octubre 2020

11 Oct Homicat 11 octubre 2020

20201011 Homicat Sant Ignasi de Loiola

Diumenge 11 d’Octubre de 2020, 28è del temps ordinari. Mt 22, 1-14
“Convideu a la festa tothom qui trobeu…”

L’homilia d’avui ens parla del regne de Déu, una festa de noces

En l’evangeli d’avui, tornem a “escoltar” el regne en termes comparatius. Així, si en els tres darrers diumenges el regne era la vinya, ara és un banquet de noces. Tanmateix, no és qualsevol boda. És la del fill del rei! Les bodes ens parlen d’alegria, de joia, de festa però la del fill és molt més. Tot el poble en va plena. Implica tothom, més encara, tothom hi és convidat. De tota manera, aquesta circumstància no ve motivada ben bé per la festa, per la celebració, si no per què els convidats no hi ha volgut anar… Sorprenent. L’un tenia un assumpte, l’altre no tenia temps… Excuses que ens han de sonar una mica. Anem tan atrafegats, amb tantes coses! Així, la invitació universal ve de l’enuig del rei en veure que no volen venir. “No se’l mereixen!” diu el rei als seus servents. Llavors surt la petició expressa: “aneu i convideu a tothom qui trobeu!” I l‘evangelista ens diu que “convidaren a tothom, bons i dolents”. I així omplirem la sala de convidats…

El regne, una festa. A voltes, els cristians oblidem aquesta condició. Se’ns veu massa capficats, massa compungits. Si la nostra fe no ens ha de portar a testimoniar-la de manera alegre i entusiasta hauríem de pensar seriosament quina és la nostra vivència. Evangeli vol dir bona notícia. Com podem convidar ningú al banquet de noces si no ho fem amb joia!

Tanmateix, el regne-boda comporta també una responsabilitat. La fe és un do, certament. No depèn de la nostra capacitat o competència o esforç. Però l’hem de fer fructificar, ha de donar fruits. “Al final de la vida sens examinarà en l’amor” ens diu l’apòstol Jaume en la seva 1ª carta. D’alguna manera se’ns dirà: què n’has fet del do que se t’ha donat? Llavors serà el moment de veure si portem el vestit adequat, el de festa, o no…

Xavier Moretó, rector.

 

 

 

 

1Comentari
  • Guillermo Lázaro Gay
    Publicat 11:55h, 13 octubre Responder

    Otro Evangelio inquietante, y llevamos unos cuantos. Alegría sí. Pero solo si nos puede la esperanza.
    Sucede ahora que ya no basta la fe. Ni haber sido llamado al convite del reino. Es necesario también haber recibido el vestido. Un vestido que fue entregado gratis a todos, puesto que ninguno lo llevaba puesto por la calle donde vagaba, o en la esquina en la que esperaba. Menos al pobre maniatado que debió colarse por la puerta de atrás sin pasar por el vestuario.
    Se ha dicho que la fe es imprescindible. Que la fe nos salva. En la antigua disputa entre fe y obras, la prioridad es de la fe, y las obras son lo que atestigua la fe. Como sin obras no habría fe, en la práctica, las obras serían siempre necesarias para la salvación. La conjunción práctica de fe y virtudes eficientes, entiendo que conforma el vestido que recubre al invitado al convite del reino.
    Insistiendo en lo del vestido veamos que se ha opinado sobre ello
    Según San Pablo (Colosenses 3, 10-12) “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”. Y en Gálatas 3,26-27 “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”.
    Más adelante San Gregorio Magno (540-604) escribió. “Estamos en lo correcto cuando decimos que el amor es la prenda de la boda porque esto es lo que nuestro Creador mismo poseía cuando vino a la fiesta de bodas para unirse a la iglesia”.
    Y siguiendo con las pesquisas tenemos el santo varón bizantino, Theophylact, Arzobispo de Ohrid, entonces Achryda(1055-1107) que resumió lo que pensaban los Padres sobre el particular de la siguiente manera: ” …Temblamos, entonces, cuando comprendemos que si uno no lleva una vida pura, solo la fe no lo beneficia en absoluto. Porque no solo es expulsado del banquete de bodas, sino que es enviado al fuego. ¿Quién es el que lleva prendas sucias? Es él quien no está vestido de compasión, bondad y amor fraternal. Porque hay muchos que se engañan a sí mismos con vanas esperanzas, pensando que alcanzarán el reino de los cielos, y se incluyen entre la asamblea de los invitados a la cena, pensando en grandes cosas de sí mismos.” Tremendo.
    Parece, por tanto, que el vestido ha de estar hecho de amor y diversas virtudes que se resumen en el propio Cristo, Nuestro Señor. Entiendo pues que no basta con la fe, ni con las obras sean las que sean, sino que nosotros mismos hemos de estar como impregnados o al menos, recubiertos, de las mismas virtudes que dan lugar a esas obras. ¡Me parece muy difícil para los cristianos de a pie ¡Se comprende, pues, que sean pocos los elegidos! ¿Qué se podrá hacer? En otro contexto, sobre la riqueza, a la pregunta de los discípulos de quién podrá salvarse, Jesús, mirándolos, les dijo: Con los hombres esto es imposible, pero con Dios todo es posible. (Mateo,19,25). ¿Sería aplicable también ahora, esta respuesta? Entonces solo queda gritar con todo el corazón y con toda el alma, “gementes et flentes”: ¡Ayúdanos, Dios nuestro! Y que Ntra. Sra. del Pilar, madre de todos interceda por nosotros, en el día de su festividad.
    G.L., 12 de Octubre.

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